Y os preguntareis... ¿Y qué tiene que ver esto con los "indignados" de Sol y de toda España? Pues bien, personalmente tengo una sensación extraña, como si el escritor de esta obra, Golding, se hubiera paseado hace unas cincuenta y siete primaveras por la Puerta del Sol de esta primavera de Madrid, que lleva ya camino de las tres semanas (si no recuerdo mal) y no tiene intención de terminar la cosa, o sí, como apunta algún que otro indignado, los cuales deben de ser los únicos "listos" que se encuentren en esta plaza tomada.Las similitudes con El señor de las moscas van mucho más allá de la mera cuestión higiénica (que en este caso sería El señor de las pulgas, según pudimos comprobar el pasado sábado un colega y yo).
Empezando por el principio, lo que comenzó siendo una utopía, cargada de ilusión revolucionaria, de ansiada voluntad de cambiar el mundo, de necesaria indignación en pos de una sociedad ideal, en busca de la democracia perdida, ha terminado siendo justo lo contrario: la utopía se ha pervertido y se ha transformado en distopía, la realidad le ha vuelto a ganar la batalla al idealismo, la ilusión ha sido explotada por el adoctrinamiento y entre otras cosas, por la manipulación, y bueno, la "aparente" sinceridad de intenciones se ha convertido en una gran mentira, y la democracia ideal en una caricatura asamblearia, burocratizada, totalitaria y castradora de voluntades.
Como en esta famosa obra literaria, la benevolencia de la causa no es sino una excusa de los fuertes para mantener el control absoluto de algo que ya no se sostiene, ni se enmienda. Han paladeado el sabor del poder y se han enganchado. Y lo peor de todo es que se lo creen. Como la caracola que utilizaban para sus asambleas los jóvenes Ralph y Piggy, los indignados han acogido el megáfono como símbolo de su poder y como instrumento de permanente convocatoria asamblearia. Como en esta obra, las guerras de clanes se ponen de manifiesto cada día que pasan en el escenario democrático ideal, y se acaban imponiendo los radicales, ya que son los únicos que tienen las ideas claras, que no quiere decir que sean las más adecuadas. Los "okupas" han "okupado" Sol y de paso han okupado todo el Movimiento15M, que ya no va a ningún lado, bueno si, hacia la izquierda.
Como en El señor de las moscas, la responsabilidad de los primeros días, las obligaciones y las buenas costumbres han ido degenerando día a día, noche tras noche: sexo, droga y rock’n roll, vaguería, suciedad, reyertas, mendigos okupas, pulgas, chorizos, Paris Hilton, inseguridad generalizada y porquería, mucha porquería. No queda nada limpio en Sol (ni en Cataluña ni en etc.), literal y metafóricamente hablando. Dicen que quieren mantener la fogata viva, como Ralph y Piggy, pero ese fuego está quemando los negocios y las vidas de los comerciantes de la zona, que ya andaban bastante chamuscados tras siete años de socialismo utópico reformista, pacifista, nacionalista, feminista y anticapitalista.
Como en El señor de las moscas, han cazado un gran cerdo y se creen los reyes del mambo; han sido noticia durante unos días y se ven como el ombligo del mundo; han levantado simpatías por doquier (¿un 80% de la ciudadanía? ¡Ni de coña hombre!) y han organizado un gigantesco festejo democrático con sus pinturas tribales, sus rastas y sus tambores de guerra (¡muerte al banquero, al sistema, a la oposición, al que se oponga, más empleos fijos y menos crucifijos!). De ahí no les sacan ni con tanquetas.
Al igual que en esta obra, los “peques” se quieren ir a casa, tienen miedo y cansancio. Y sensación de fracaso. La cosa no funciona, al menos así. Los primeros días tal vez, pero desde el día de las elecciones, la (presunta) revolución democrática no tiene sentido. Hay que replantearse los argumentos y los métodos y las reivindicaciones. Hay que ser serios y operativos, y razonables. Inteligentes, ¡coño! La bestia del radicalismo ya se ha hecho con el poder en "la isla de Sol", el manifiesto okupa ha enturbiado la paz y la armonía neohippie de los primeros momentos; el flower power ha sido aniquilado por el anarko power y los héroes de la democracia pura son ahora los villanos del totalitarismo cabezón, los pesados del “no nos moverán”, los guarros del chabolismo revolucionario e ilegal. Jack y sus salvajes se han hecho con la isla y la civilización ha sido vencida por la barbarie. Como en El señor de las moscas, los indignados de Sol han acabado perdiendo la razón. Y su hoguera se está apagando. O la encienden en un lugar donde vuelva a arder con sentido (internet, un partido político, asambleas de barrios, un movimiento civil y cívico) o toda su isla de avatar va a terminar devorada por las llamas que ellos mismos han prendido, pero que ya no controlan.
Para terminar, estos "indignados" han clavado la cabeza de un cerdo en una lanza y la han puesto en el centro de Sol; según ellos es la cabeza del sistema, pero deberían saber que esa cabeza, es su propia cabeza, la cual, se esta llenando de más, más, más y más moscas cada día que pasa.


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